Formación Espiritual

Escuchando la voz de Dios

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.” (Juan 10:27, RVR1960) by El Mayor Angela Repass

Dios promete varias veces en Su palabra que si le buscamos será encontrado. (Deuteronomio 4:29, Jeremías 29:13, Hebreos 11:6) Aun más, Jehová confirma que permanecerá con nosotros simplificando nuestra investigación (2 Crónicas 15:2). Pero todas estas bellas promesas requieren nuestro esmero. 

Para asistirnos en nuestra exploración, antes de partir hacia el Padre, Jesús añadió un hermoso ofrecimiento prometiendo enviar el Espíritu Santo. “Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre…” (Juan 14:16) “El Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas…” (14:26) “Cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad… Él me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber.” (16:13-14)

Entonces, con todas estas afirmaciones y disposiciones, podemos acercarnos “confiadamente al trono de la gracia.” (Hebreos 4:16) Allí veremos que nuestro crecimiento espiritual sólo depende del ánimo con que buscamos satisfacer el deseo de conocerle, “como niños recién nacidos, por leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” (1 Pedro 2:2 con clarificación)

La herramienta primordial que nos ayuda para ser “arraigados y sobreedificados en Él y confirmados en la fe” es la Palabra de Dios misma. (Colosenses 2:7) “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17)

Prácticamente hablando, cada infante en Cristo debe consagrar un tiempo singularmente dedicado para diariamente leer la Biblia. Al comienzo de nuestro andar con el Maestro, no es necesario leer largos pasajes o de pasar muchas horas analizando cada palabra. El simple ejercicio es pedir que Dios nos ilumine abriendo las Sagradas Escrituras y recibir el alimento que el amoroso Padre nos ha provisto. Al repetir puntualmente este bienaventurado ejercicio, nuestro apetito por aprender más de Él aumentará y podremos indagar más profundamente en sus páginas para conocerle mejor.

Con el aumento de nuestra fe, el rigor de regularmente inquirir por lo que nuestro Padre celestial nos quiere enseñar se tornará en una grata y fructífera disciplina. Cada día aprenderemos más y más de Él, y crecerá en nosotros el deseo de ahondar nuestra amistad anhelando llegar a ser “llenos de toda la plenitud de Dios.” (Efesios 3:19)

Una vez que adiestremos nuestros oídos espirituales al timbre de Su santa voz (Juan 10:4, 14, 27) podremos escuchar Su llamado emanando de varias fuentes. Sintonizados a Su distintivo y amorosos susurros, Dios complementará nuestro entrenamiento utilizando a Sus siervos contemporáneos quienes predican fielmente de la Palabra. En el día de hoy hay una gran plétora de autores, teólogos y personas con gran experiencia espiritual que pueden agudizar nuestro entendimiento de lo Divino. 

Tristemente debemos incluir aquí una advertencia en cuanto a algunos de los materiales que se nos presentan como apropiados para nuestro desarrollo espiritual. No todas las fuentes proveen leche “no adulterada” siendo que algunos maestros y eruditos han moderado sus palabras con inclinaciones humanas. (Mateo 7:15-20, 1 Tesalonicenses 5:21, 1 Juan 4:1-3)

Por eso, en cada etapa de nuestro progreso, nos ponemos a completa disposición del Espíritu Santo quien delineará nuestro peregrinaje. Él medirá nuestro sincero esfuerzo, mantendrá puro nuestro enfoque y nos mostrará “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza…” (Filipenses 4:8)

El Creador del universo a través de los siglos también ha inspirado a varios poetas y músicos que acoplaron sus labores para añadir elegantes obras que asisten nuestro aprendizaje. En el día de hoy tenemos una variada multitud de canticos que han sido producidos en devoción a Dios para afirmar y cementar las verdades que encontramos en el Libro Sagrado.

El autor de Efesios, instando a sus lectores a ser llenos del Espíritu, específicamente incluyo el uso de “salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” para nuestra edificación. (Efesios 5:18-19) También en su carta a los cristianos en Colosas, Pablo explica como “salmos, himnos y cánticos espirituales” son eficaces para que “la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros.” (Colosenses 3:16)

Si nos ponemos a pensar, realmente no hay límites de lo que Dios puede utilizar para comunicar Sus perfectas intenciones. Por ejemplo, en Su infinita sabiduría Dios puede utilizar una zarza ardiendo en el desierto para llamar nuestra atención (Éxodo 3:1-3), un rebelde burrito para corregirnos (Números 22:21-33), incluso todos los diferentes aspectos de la naturaleza que vemos alrededor para abrir más nuestro entendimiento a la multifacética grandeza del Omnipotente (Salmo 19:1-4). Su perfecta prerrogativa a veces utiliza lo insólito (escribiendo grafiti en el palacio, Daniel 5) y aún otras veces lo más sencillo (un silbo suave y delicado, 1 Reyes 19:12)

Los que se han dedicado a la disciplina de oír la voz de Jehová por años testifican que cuanto más tiempo pasemos escuchando Su voz, atendiendo a Su divina dirección, más sensitivos seremos a Sus designios y diseños. Los héroes de nuestra fe afirman la importancia de establecer esta temprana práctica en nuestra vida pues con tiempo debemos dejar de “hablar como niños, pensar como niños y juzgar como niños.” Si bien “ahora vemos por espejo, oscuramente,” nuestra meta es de verle “cara a cara.” (1 Corintios 13:9-12)

Photo: Wolfgang Hasselmann/Unsplash

ALL Articles