Formación Espiritual

Diseñados para Su Propósito

“Ninguna de nuestras imperfecciones nos descalifica del servicio al Soberano. Al contrario, Dios (que nos conoce mejor que nosotros mismos) toma en cuenta nuestras capacidades al ofrecernos Sus dones (Mateo 25:15)." by El Mayor David Repass

En la madrugada de una Nochebuena, a pocas horas antes de que nuestros hijos despertarían excitados a buscar sus regalos, yo agobiaba todavía tratando de componer una bicicleta creyendo haber seguido fielmente las instrucciones. Sin embargo, me han sobrado dos tornillos y varias tuercas que no logro encontrar su encaje… y la indicación en la caja dice: “todos los artículos adjuntos tienen su propósito y lugar.”

Más allá de agudizar mi desesperación por completar mi “privilegio paternal”, esa frase me habló del Divino diseño universal. Cada persona ha sido puesta en la Tierra para completar una función que Dios ha predispuesto para ellos. Nuestro cuidadoso Creador ha prefijado precisamente nuestros tiempos (Hechos 17:26), anotando todos los días de nuestra vida en Su libro (Salmo 139:16) disponiendo aun antes de nuestro nacimiento las buenas obras que fuimos creados para realizar (Efesios 2:10).

Reconocemos en los últimos discursos de Jesús que hay un singular mandato marcado para cada uno de Sus seguidores: ir por todo el mundo impartiendo Sus enseñanzas, testificando de Su poder y haciendo discípulos en cada nación (Mateo 28:19-20, Hechos 1:7). Todos tomamos parte en esta gran comisión y moldeamos nuestra vida para acatar esta alta asignación. 

Al continuar creciendo espiritualmente descubrimos que Dios desglosa diferentes porciones de ese dictamen para cada individuo. En la iglesia hay diversidad de dones, ministerios y actividades, “pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos” (1 Corintios 12:4-6 NVI). Con suprema sabiduría, el Padre señala a cada hermano(a) su singular función dentro del cuerpo de Cristo (12:27).

En ese mismo pasaje Pablo confirma que la diversidad es por diseño, pues el mismo Espíritu Santo nos organiza para que obremos hacia el mismo fin. “De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros y todos los miembros, no obstante ser muchos, forman un solo cuerpo. Así sucede con Cristo” (12:12). Tenemos pluralidad de tareas dentro del primordial propósito.

Una temprana señal de madurez es el preguntar por esta designación Divina. Así como las células embrionarias comienzan su especialización, el Inigualable Ingeniero nos inspirará a descubrir Su plan para nuestra nueva vida en Él. Dios ha prometido mostrarnos la específica delineación que diseñó para nuestro desempeño. Él nos ayudará a entender Su voluntad y nos ensenará el camino que debemos seguir. ¡Y nos continuará vigilando durante todo el proceso! (Salmo 32:8)

Tenemos la agradable promesa que el mismo Dios que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo nos capacitará para esta obra; para que podamos hacer Su voluntad. Si le cedemos la oportunidad, el paciente Señor hará en nosotros lo que a Él le agrade y el resultado será para la gloria de Dios por los siglos de los siglos (Hebreos 13:20-21).

Pablo fue inspirado a utilizar el ejemplo del cuerpo humano con sus diversos miembros para describir la confraternidad de cristianos. Cada miembro del coro corporal tiene su fija función (pie, mano, oreja, ojo, etc.) pero participan en coordinación y cooperación para completar particulares fines. No sería productivo que todo el cuerpo fuera ojo o solamente una mano; ni desechamos el oído porque no ve o la mano porque no camina. Cada participante tiene su imprescindible posición, procurando ayudar alcanzar las metas del conjunto (1 Corintios 12:14-26).

Uno de los antídotos en contra de la tentación a comparar nuestra pobre porción a la de otros miembros es de recordar que fue Dios quien nos salvó y nos llamó “no por nuestras propias obras (lo que nosotros podemos hacer), sino por su propia determinación (lo que Él quiere hacer) y gracia (el poder para completar Su mandato)” (2 Timoteo 1:9, explicaciones añadidas). Cristo categóricamente confirmó que fue Él mismo quien nos eligió y que cada uno de nosotros hemos sido escogidos y comisionados para que llevemos fruto (Juan 15:16).

El Alfa y Omega “nos escogió el antes de la creación del mundo” (Efesios 1:4) y con perspectiva eterna ha dispuesto “todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo a su propósito” (Romanos 8:28). Predisponiendo que sigamos Su plan, respondiendo a Su llamado, desde nuestra justificación hasta nuestra glorificación.

¡Que grato es reconocer que la infalible inteligencia de nuestro Reclutador también reconoce nuestras limitaciones! Dios ya ha facturado nuestras falencias en Sus procedimientos para utilizarnos a completar Su perfecto plan. Jehová prometió que Sara sería una madre después de varias décadas sin éxito en ese ámbito (Génesis 18). YO SOY EL QUE SOY conocía la torpe lengua de Moisés cuando le pidió que fuera a hablar con el Faraón (Éxodo 3-4). El ángel del Señor encontró a Gedeón escondiéndose en la noche cuando fue seleccionado para liderar el ejército de Israel en batalla (Jueces 6). Jeremías se vio muy joven para emprender el camino marcado por el Supremo Señor (Jeremías 1).

Ninguna de nuestras imperfecciones nos descalifica del servicio al Soberano. Al contrario, Dios (que nos conoce mejor que nosotros mismos) toma en cuenta nuestras capacidades al ofrecernos Sus dones (Mateo 25:15). Nuestras deficiencias no previenen Su propósito. Es más, “Dios escogió lo tonto del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos” (1 Corintios 1:27).

Hermano(a), diligentemente diríjase a Dios para que le ayude a descifrar lo que Él lo ha dejado en el mundo para hacer. Hay amplias variaciones de vocaciones: sea sirviendo mesas como Esteban (Hechos 6:1-6), curtiendo pieles como Simón (9:43), sirviendo a la patria como Cornelio (10:1), vendiendo telas como Lídia (16:14), confeccionando carpas como Priscila y Aquila (18:3), para mencionar a algunos ejemplos.

Lo importante es que sea cual sea nuestro oficio, trabajo o responsabilidad, que lo hagamos de corazón, “como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor” (Colosenses 3:23-24).

Photo: VladSt/Getty

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